A pesar de que el principal producto argentino de exportación está en un récord de u$s630, el mercado sigue cauteloso y prevé una caída de exportaciones

 

Tras la incursión militar de las tropas de Rusia en Ucrania, empieza a quedar claro que Argentina tiene mucho más para lamentar que para celebrar, incluso cuando el precio récord de la soja pueda inducir a confusiones conceptuales al respecto.

Ocurre que, para los expertos en los mercados agrícolas, los actuales precios -con la soja arañando los u$s630- no debe inducir a una euforia injustificada.

Primero, porque se cree que puede ser una cotización pasajera; segundo, porque la suba en el precio no llegará a compensar las pérdidas por la caída en el volumen de producción que ocasionó la sequía. Y tercero, porque la disparada en los commodities puede traer una presión adicional en la elevada inflación de alimentos que sufre Argentina.

Para colmo, el conflicto está implicando una acelerada suba de los combustibles, que impactará tanto en la importación argentina de gas como en el precio de las naftas, los fletes internacionales y los fertilizantes que utiliza el campo.

«Cuando un surfista se sube a la cresta de una ola muy grande, se queda allí sólo un ratito, porque inevitablemente después empieza a bajar. Esto es igual, la soja en estos precios no es algo que esté fundamentado en la lógica de la oferta y la demanda, sino en una reacción del mercado ante la concreción de una noticia que shockea al mercado», comenta uno de los analistas más influyentes del mercado agropecuario.

Su argumento es que el conflicto armado en Europa llega en un momento en el que la fuerte demanda asiática, en combinación con el recorte de la producción, había empujado la cotización de la soja hasta el nivel de u$s590. De manera que ahora el «overshooting» se produce a partir de un precio que ya estaba exacerbado por situaciones climáticas excepcionales, como había sido la sequía por el fenómeno de «La Niña».

Pero la expectativa de los analistas argentinos es que, pasado el efecto inicial en el que el mercado adopta posturas defensivas, los precios tenderán a estabilizarse, aun en el caso de que el conflicto ruso-ucraniano escale y la tensión geopolítica se agrave.

Pero la opinión predominante es que una tendencia a la normalización comenzará una vez que quede en claro el impacto sobre el petróleo y gas -donde Rusia es actor protagónico, con 10% y 15%, respectivamente, del mercado exportador global- y la influencia sobre insumos agrícolas como los fertilizantes.

De momento, con el petróleo y gas en subida sin techo visible, el mercado sigue actuando en «modo pánico», que es lo que explica por qué la soja ya superó su pico del año 2008 -coincidente con el histórico conflicto de Cristina Kirchner con los productores sojeros- y está en niveles comparables al último récord del 2013.

¿Qué hará Argentina ante esta situación? Hay consultores, como Salvador Di Stefano, que proponen que el Gobierno alivie la presión de las retenciones, con el objetivo de aprovechar la oportunidad de la cotización récord, de manera de maximizar el ingreso de divisas.

«El Gobierno se haría de dólares que los podría utilizar para restablecer las importaciones, ingresaría dinero fresco al fisco vía las retenciones que estarían al 20% y el productor tendría dinero para recomponerse de la sequía. Ganan todos y no pierde nadie. Ahora, la pregunta es, ¿tendrá el gobierno la cintura para llevar adelante una medida de este tipo?», plantea Di Stefano.

Y a juzgar por las actitudes de los últimos días, todo apunta a que Alberto Fernández quiere avanzar en la dirección absolutamente contraria. El Gobierno rechazó de plano los planteos de las gremiales agropecuarias que plantearon la revisión de las retenciones por parte del Congreso.

Por otra parte, en plena negociación con el Fondo Monetario Internacional, una de las cartas fuertes que el ministro Martín Guzmán tiene para mostrarle al staff del organismo es la fortaleza de la recaudación tributaria, uno de cuyos rubros de mayor crecimiento es, precisamente, la retención a las exportaciones agrícolas.

Del mismo modo, aunque pasó algo inadvertido en medio del ruido político, el Gobierno dejó en claro que, en el nuevo escenario internacional, es mayor el miedo que le provoca la «inflación importada» en el rubro alimentos que la posibilidad de incrementar las exportaciones.

Es por eso que el secretario de Comercio, Roberto Feletti, insistió en la instauración de un fideicomiso formado por aportes de los exportadores de trigo y maíz, aun cuando esa iniciativa contó con un rotundo rechazo por parte de los productores.

El presidente de la Bolsa de Cereales, José Martins, le dijo a Feletti en la reunión que el instrumento de sacarle dinero a los exportadores para subsidiar a las industrias ya había sido usado en el pasado, con pobres resultados.

«Estamos en un contexto macro que amerita que se le dé un impulso a la agroindustria como único sector que puede contribuir a mejorar la situación. Hoy tendríamos que estar trabajando en conjunto a ver cuáles son las herramientas que potencien volumen de producción», explicó el dirigente gremial, para quien la consecuencia de la medida oficial será una mayor carga tributaria que reducirá los márgenes de rentabilidad de los productores.

En estos días, los analistas del mercado agropecuario hacen una revisión de sus proyecciones prácticamente a diario, con un ojo puesto en el escenario geopolítico y otro en la situación climática.

Es así que el último reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario advierte sobre un empeoramiento de las perspectivas para las campañas de soja, trigo y maíz, dada la disminución de los rindes ante la falta de lluvias. En el caso de la soja, se pronostica que la campaña tendrá un rendimiento históricamente bajo, de 29 quintales por hectárea, lo cual rompe el piso de la temporada 2017/18, que había sido la más floja en una década.

En cuanto al maíz, las zonas más afectadas por la sequía están cosechando volúmenes un 15% inferiores al año pasado, mientras que el trigo, que prepara la siembre, se verá afectado por una prolongación de la escasez de lluvias.

En ese marco, la previsión de la Bolsa rosarina es que la campaña de soja dejaría 39 millones de toneladas -originalmente se esperaban 44 millones- mientras que en maíz se proyecta una cosecha de 48 millones -se preveía inicialmente llegar a 55 millones-.

Y esto es lo que lleva a morigerar cualquier atisbo de euforia por la suba de los precios. La opinión de la mayoría de los analistas es que, incluso con la disparada de las cotizaciones causadas por la guerra en Ucrania, no se llegaría a compensar la pérdida del recorte de volumen.

Para Marianela de Emilio, que recortó en dos millones su previsión original de 44 millones de producción de soja, el país sufrirá un recorte de u$s5.000 millones en el ingreso de divisas por exportación agrícola.