La verdadera meta del plan ganadero: desactivar protesta del campo y alinear a gobernadores disidentes
Argentina, Comercio exterior / junio 25, 2021 / EDITOR SIMPLEXTras las críticas por la reapertura parcial de la exportación de carne, el Gobierno compensará con un plan. Pero hay un difícil trasfondo político y social
La misión de Matías Kulfas, al presentar el muy promocionado Plan Ganadero, tiene mucho más de política que de técnica: más que convencer sobre la conveniencia de sostener el cierre parcial de las exportaciones de carne, el objetivo es bajar los niveles de irritación en las provincias ganaderas contra el gobierno de Alberto Fernández.
Los síntomas de enojo que se acumularon desde que el ministro de Desarrollo Productivo anunció el nuevo esquema de exportación cárnica dejaron en claro el peligro de un nuevo «efecto Vicentin». Es decir, una reacción espontánea por parte de la clase media rural, en provincias como Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, así como en el interior pampeano de Buenos Aires.
Por lo pronto, ya se convocó a una jornada de protesta para el próximo feriado del 9 de julio, mientras los productores les reclaman a las dirigencias de las agremiaciones rurales que apliquen medidas de fuerza.
De momento, las entidades que conforman la Mesa de Enlace, después de haberse quejado de haber sido llamadas «para recibir un paquete con el moño puesto, sin posibilidad de cambiar el regalo», ahora solicitaron audiencias con ocho gobernadores, a los que presionarán para que digan si comparten los lineamientos del Gobierno nacional.
Y, con la excepción de los que están consustanciados con el sector duro del kirchnerismo, como el bonaerense Axel Kicillof, para los demás esa invitación implica un momento incómodo. De hecho, el enojo de la clase media rural es un problema que los gobernadores provinciales se toman muy en serio y prefieren evitar a toda costa. Saben que, aunque los productores rurales propiamente dichos sean una minoría, esa clase media es la formadora de opinión pública e incide sobre la intención de voto.
Por otra parte, la defensa de la política oficial no es fácil: en el mes de cierre exportador, el precio de la carne subió un 6%. Y se estima que la pérdida de exportaciones ya asciende a u$s200 millones y podría ser de u$s500 millones en todo el año. Mientras que en materia de empleo, el sector exportador -donde operan 100.000 trabajadores frigoríficos- sufrirán suspensiones porque las plantas funcionarán a la mitad de su capacidad.
La ofensiva de los productores se limita por ahora al plano mediático, como lo demuestra este video de Carbap que circula en las redes, pero las bases reclaman por medidas más contundentes de protesta.
Gobernadores en la disyuntiva
No por casualidad, los gobernadores Omar Perotti, Juan Schiaretti y Gustavo Bordet dejaron ver su disgusto cuando, hace un mes, se anunció el cierre total de exportación cárnica.
El santafecino Perotti -que ya había jugado un rol fundamental en revertir el intento de estatización de Vicentin– y había hecho pública en Twitter su crítica a la medida sobre la carne, al afirmar que «la solución es aumentar la producción y no cerrar las exportaciones» y criticó los «cambios en las reglas de juego». Pero sugestivamente mantuvo el silencio cuando, un mes más tarde, Kulfas anunció la «solución» con la reapertura parcial con un nuevo esquema ganadero.
Y no es que el gobernador no haya tenido oportunidad de hablar del tema: pocos días antes había recibido la visita de Alberto Fernández en Rosario. La realidad es que Perotti tiene la sensación de que sus chances de éxito electoral van en proporción directa a la distancia que tome de las medidas más controvertidas del gobierno nacional. También sugestivamente, se mantuvo al margen cuando un grupo ultra K lanzó -en el día de Belgrano- una proclama para reestatizar el control de la hidrovía sobre el río Paraná.
Santa Fe pone en juego tres bancas de senador y nueve de diputados. Perotti, que cayó en las encuestas de imagen como consecuencia de los graves hechos de inseguridad vinculados al narcotráfico en Rosario, perdió posiciones frente al socialismo y al avance de la oposición macrista. Por consiguiente, no puede darse el lujo de que el peronismo no kirchnerista le dé la espalda, y por eso ha reforzado su perfil moderado y cercano al empresariado.
Algo similar ocurre en Córdoba, donde el gobernador Juan Schiaretti -de quien se habla incluso como un eventual presidenciable- sabe que su futuro político depende de mantenerse alejado del universo K. En la provincia mediterránea -que también pone en juego sus tres bancas del Senado- el Frente de Todos ya avisó que presentará lista propia e invitó al gobernador a unir fuerzas, algo que todos saben que es imposible que ocurra.
Como Perotti, también el cordobés había sido crítico del cierre exportador. Y más bien trató de acentuar un perfil opuesto al del Gobierno nacional. En un reciente acto, al anunciar un programa de apoyo a la producción, se mostró orgulloso de que Córdoba haya escalado al primer puesto en el ranking de provincias agroindustriales: «Somos los mayores productores de granos este año; tenemos más cantidad de producción de leche y más empleados en las fábricas de maquinarias agrícolas. Somos, en definitiva, una potencia agroalimentaria y agroindustrial».
En Entre Ríos -que elige cinco diputados y tres senadores- el gobernador -que estufo afectado por covid- mantuvo el bajo perfil, pero su ministro de producción dijo sobre el cierre exportador: «Esta intervención del mercado no es virtuosa» y agregó, para que no quedaran dudas sobre la postura política: «El gobernador Bordet comparte esta mirada».
«Catástrofe» y descreimiento
Pero los productores están enojados y no se van a conformar con señales indirectas. La convocatoria de la Mesa de Enlace a los gobernadores deja en claro que no le van a dejar la situación fácil, porque los van a forzar a tomar partido entre la propuesta oficial o la postura del campo.
Mientras tanto, por si quedaban dudas del malestar existente entre los productores, hubo asociaciones que emitieron comunicados de fuerte tono crítico. Se destaca, por ejemplo, el de la Sociedad Rural de Jesús María, que anunció que «se avecina una catástrofe para la cadena de la carne» y culpa de ello a «la avaricia de un gobierno que sólo quiere sumar votos para las legislativas a costa de lo que sea».
Y no solamente critican las consecuencias negativas de la traba a la exportación, sino que se adelantan a dejar en claro su desconfianza sobre el Plan Ganadero que prepara Kulfas. Sin medias tintas, lo califican como «otra acción falaz y demostrativa de inoperancia». Y recuerdan los antecedentes sobre el tema.
«Se pueden contar por decenas las propuestas acercadas a todos los gobiernos desde los sectores que desarrollan la actividad y siempre fueron cajoneadas como deporte nacional», destacan los ganaderos cordobeses.
De hecho, hoy ya circulan cálculos sobre una posible caída de dos millones de cabezas de ganado en el stock vacuno nacional.
Un plan para compensar el malhumor
Ante ese contexto de malhumor y descreimiento por parte de los empresarios y de los propios socios políticos del Gobierno, Kulfas juega todas sus chances de recuperar credibilidad con el Plan Ganadero.
Se trata de un esquema de política a largo plazo para reordenar todo el sector ganadero y lograr el ambicioso objetivo de subir la producción desde los 3,3 millones de toneladas actuales hasta los 5 millones de toneladas. Así, afirma Kulfas, se conseguirán todos los objetivos: contener los precios, exportar más y subir el consumo interno.
Y en los borradores que han circulado en las últimas horas Kulfas hace un repaso de todos los reclamos históricos del sector. Incluso repitiendo algunas de las propuestas que en su momento hizo el gobernador Perotti, que argumentó la necesidad de mejorar un 10% los índices de preñez de las vacas, con lo cual se conseguiría un incremento de 2,3 millones de terneros.
Además, otra crítica típica de los expertos es que faltan incentivos para que los productores engorden los animales hasta un peso de 430 kilos, en vez de enviarlos a faena cuando alcanzan los 320, como se hace ahora para acortar los tiempos en el ciclo del negocio y protegerse mejor de la inflación.
Según estima el consultor Salvador Di Stefano, si se diera esa política de aliciente al engorde, se conseguiría bajar el nivel de faena de 14 millones a 10 millones de animales por año, sin que cayera la producción neta de carne.
Atento a esas críticas, Kulfas preparó un documento en el cual promete créditos del Banco Nación para implantar pasturas, para mejorar la infraestructura de agua y manejo de animales, financiamiento a tratamientos de inseminación y adecuación de frigoríficos para que puedan cambiar de la modalidad de media res a la comercialización por troceo.
Además, se promete la amortización acelerada de Ganancias en la inversión productiva y crédito fiscal para gastos en adquisición de insumos, pasturas y semillas.
Kulfas, ¿misión imposible?
Para presentar su plan, Kulfas convocó al diálogo a los dirigentes gremiales del campo. En primer lugar, para desactivar el argumento de que el Gobierno tomó medidas en forma unilateral. Y se espera, de esa forma, bajar el nivel de malhumor en el interior.
Además, el ministro argumentará que la lista de medidas es lo que el sector ha venido reclamando históricamente. Con lo cual también aspira a darle un motivo a los gobernadores peronistas para que puedan al menos mantenerse en un lugar neutral ante las protestas.
Pero claro que no será fácil. Primero, porque mientras los criadores y frigoríficos están sufriendo hoy mismo el perjuicio del cierre exportador, los beneficios del plan están planteados a largo plazo. Como los resultados dependen del ciclo biológico de la hacienda, se estima que no se verán beneficios en menos de dos años.
Pero, además, porque queda sin responder el cuestionamiento central que el campo le hace al Gobierno: si la preocupación central es el precio de la carne y aumentar el consumo, ¿por qué en vez de cerrar la exportación no se bajan ya los impuestos, que representan un 28% del precio?
No será un momento cómodo para Kulfas, que tiene en claro la consigna del momento para el Gobierno, esa que expresó con elocuencia su colega Martín Guzmán: «Un país con impuestos bajos y gastos bajos no es nuestra idea».
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