El 23% de la soja del mundo está tratada con una tecnología argentina
Argentina, Comercio exterior / abril 5, 2021 / EDITOR SIMPLEXLa empresa Rizobacter, que se dedica a la microbiología agrícola, se posiciona con la mayor participación de mercado de inoculantes a escala global
La empresa pergaminense Rizobacter, que se dedica a la microbiología agrícola, se sigue expandiendo tanto en el mercado local como internacional. Esta semana informó que el 23% de la soja que se produce en el mundo es tratada con sus tecnologías de inoculación.
Principalmente, este hito se da por su expansión a nivel internacional en los últimos años, que como parte de su estrategia de crecimiento, hace 10 años se propuso que el 30 % de su facturación provenga de este segmento. Por lo que desde la firma remarcan que actualmente se posiciona con la mayor participación de mercado en el nicho de inoculantes para soja a escala global.
Expansión
En 2021, Rizobacter desembarcó en Australia y Kazajistán, que se suman a otros países también recientes: Serbia, Croacia, Hungría, Malawi, Ghana y Chile. Actualmente, su presencia internacional asciende a 45 países y se encuentra entre las primeras cinco empresas de biológicos del mundo, con un mismo desafío compartido: ampliar su paleta de productos biológico (biofungicidas, bioinsecticidas, bioestimulantes, inoculantes para otros cultivos diferentes de la soja, entre otros) y consolidar una oferta integral.
Si bien la tasa de adopción de la práctica de inoculación es muy alta en la Argentina (hoy se trata alrededor del 90% de las semillas), no sucede lo mismo en todos los países. Entre los mayores adeptos a esta práctica se encuentran Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y, en latitudes no tan cercanas, Ucrania, Rusia, Rumania y Canadá.
En menor medida, pero de manera creciente, se destacan Estados Unidos, Sudáfrica y Turquía. Por lo tanto, el mercado potencial es más que interesante para una empresa que históricamente apostó a la microbiología agrícola. Sin ir muy lejos, en el presente abarca el 60 % del mercado africano.
Perspectivas
«Las expectativas de crecimiento responden a varios factores. Estos productos son amigables con el medioambiente, previenen la degradación de los suelos, son más económicos y seguros para el productor, mejoran la calidad y rendimientos de los cultivos e, integralmente, favorecen a una agricultura regenerativa. A su vez, estas ventajas se combinan con la mayor demanda de alimentos, las mayores exigencias regulatorias de los países que promueven disminuir el uso de químicos y las exigencias del propio consumidor», explica Matías Gorski, gerente global de Productos Biológicos de la compañía.
Desde marzo de 2020 al presente, Rizobacter obtuvo 56 nuevos registros internacionales y, recientemente, logró la solicitud de registro de Rizoderma, el curasemilla biológico desarrollado junto con el INTA, en la Unión Europea. Esto significa que pronto, esta tecnología que ya es utilizada por los productores argentinos, se convierta en el primer biocontrolador fúngico de industria nacional que se comercializará en Europa, donde la regulación es considerablemente estricta.
Si bien se trata de un insumo tradicional en la agricultura argentina, desde la empresa remarcan que no por eso es menos desafiante incrementar los niveles de innovación para resolver constantes desafíos. De hecho, es notable cómo la tecnología y calidad aplicada a este insumo se ha profundizado significativamente en los últimos 20 años.
Desde desarrollos vinculados a la supervivencia bacteriana que hoy brindan la posibilidad de realizar tratamientos 220 días antes de la siembra, tecnologías de osmoprotección de las bacterias, hasta la inclusión de bioinductores y bacterias resistentes a estrés hídrico, hicieron que Rizobacter agregue cada vez más valor a esta tecnología.
«Hoy son muchos los desafíos, pero también las oportunidades. Los resultados son más seguros y sustentables. Hay que trabajar en multiplicar los productos para poder tener mayor alcance», cierra Gorski.
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